LA LIBERTAD NO SE VOTA/ASKATASUNA EZ DA BOZKATZEN
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“El estado, desde su aparición, es una organización que mediante la violencia genera, mantiene y ahonda la división de la sociedad y establece un nuevo ordenamiento acorde con sus intereses o deseos particulares de quienes lo controlan, en un territorio que considera patrimonio o jurisdicción exclusivos, ha conseguido concentrar en sus manos los recursos armamentísticos y de otra índole suficientes para dotarse de una duradera ventaja comparativa en el uso de la fuerza física, ventaja de la que se sirve para doblegar y mantener a raya la resistencia -violenta también- de los que serán sus súbditos y obligarles a vivir bajo su ley, es decir, bajo SU organización y SU cultura. Dada su intrínseca naturaleza perversa sus avances hacia la tiranía están en relación inversa a la resistencia que se le ofrece.” (Joseba Ariznabarreta)
Los estados, todos los estados -lo hemos repetido hasta la saciedad en todas nuestras publicaciones-, son fruto y producto de la violencia. No hay ninguno que no sea resultado de la violencia o creado por la violencia; violencia física, la más cruda que podáis imaginar.
Violencia en el sentido del uso de las armas para forzar la voluntad de las poblaciones, para forzar a hacer lo que, en principio, no quieren hacer. Así se hacen los estados.
Pero, en parte, ahí reside también su debilidad porque es muy difícil tener sometida a una población o a un grupo humano mediante el uso continuado de la violencia, mediante la vigilancia continua armada, directa, visible y aparente.
Por eso, los estados se han visto siempre forzados a legitimarse; han pretendido ser vistos como legítimos porque eso facilita enormemente su labor.
Puesto que cuando a la población que vive bajo un estado y que ha sido sometida por medio de la violencia, se le convence de que el estado que le jurisdicciona o que le gobierna es legítimo, ya tiende a obedecer, no por la fuerza, no por el temor a las armas, sino por sí misma, por su propia voluntad, porque cree que obedecer es un deber.
Y desde el momento en que la gente piensa que debe obedecer, la labor del estado se facilita enormemente y no se hace tan costosa como tendría que ser el mantener casi un policía detrás de cada persona y ni siquiera tan contingente, porque por muy armado que esté un estado, los momentos de debilidad, los descuidos, pueden ser grandes, y puede darse el peligro de ser derrocado.
Además, cuando la gente vive en esa situación, sin estar convencido de que los que le gobiernan son un gobierno legítimo, piensa que hace bien en obedecer mientras le fuerzan pero que hace mucho mejor desobedeciendo cuando tiene la menor oportunidad. Y es que por la misma razón que le han sometido, él puede también liberarse utilizando el mismo camino.
En cambio, cuando la gente se convence de que está bajo un gobierno legítimo, hay muchos que obedecen por su propia voluntad (…).
Entonces no hace falta, en la práctica, tanta policía, porque la gente se convence de que realmente debe obedecer, de que debe cumplir las leyes porque son legítimas; es una obligación moral, legal o lo que queráis y observa todas las leyes por sí mismo. Por eso han buscado siempre legitimarse los estados, siempre.
Un estado es legítimo en la medida en que consigue el consenso y, hoy en día, por decirlo brevemente, en la medida en que es democrático. Democrático porque tiene leyes democráticamente establecidas y que hay que obedecer porque, en definitiva, esas leyes las hemos hecho nosotros mismos y están de acuerdo con la razón.
Por eso todo el mundo hoy intenta vender que su poder es un poder democrático porque eso tiene una capacidad de legitimación enorme.
A la gente se le convence de que es ella misma la que ha hecho esas leyes, de que ha participado en la concepción de esas leyes y es lógico que se sienta obligado a obedecer lo que él mismo ha decidido (…).
Por tanto, más de uno obedece a las leyes que piensa que él mismo ha confeccionado, que él ha colaborado a hacerlas, que ha participado en su concepción y, por tanto, la fuerza y la necesidad de la fuerza disminuye en la medida en que aumente el consentimiento de la población; la fuerza es menos necesaria en la misma proporción en que aumente el consentimiento.
EL TOTALITARISMO QUE PADECEMOS
Hemos dicho que todos los estados son democráticos y fijaros lo que padecemos nosotros, el totalitarismo en el que estamos insertos, y, sin embargo, todos lo tachan de democrático; hasta tal punto que mucha gente que no ha perdido el sentido común, acaba perdiéndolo diciendo que él no quiere la democracia porque acaba creyéndose que democracia es esto, lo que le está oprimiendo a él mismo.
En un Estado, esta violencia “ad intra”, si la ejerce un pueblo sobre sí mismo, es “legítima”, lo que implica que es ejercida en democracia, es decir, cuando es aceptada y controlada por el pueblo para poder así conseguir sus objetivos del modo más eficaz –objetivos económicos, de defensa, culturales, sociales o los que determine en cada momento-, por lo que nombra o acepta un gobierno sobre él, la dualidad del Estado es democrática cuando estos dos sujetos políticos, pueblo y gobierno, están en equilibrio.
Es decir, la violencia democrática en un Estado la ejerce sobre sí mismo un pueblo consciente de serlo y por tanto convertido en sujeto político y no un mero agente pasivo.
Pretender “crear un marco democrático” es vender la idea de que puede haber una situación democrática sin ser independiente, sin ser estado; y que dentro de ese “marco”, tú puedes optar a la independencia electoralmente. La independencia es la primera condición para que cualquier elección pueda ser libre.
De ahí que Orreaga Taldea haya preconizado y preconice la abstención como método válido de protestar contra nuestra opresión y que no acepte, aún ahora, las elecciones como un método de alcanzar la independencia.
Joseba Ariznabarretaren lan osoa hemen iraukurri daiteke: https://www.lurraldea.eus/
“Nire atzetik etorriko da norbait, erakunde bat, esango nuke, gure herriaren askatasuna lortzeko beharrezkoa den erakunde bat. Eta nik egin dezakedana da berari bidea pixka bat prestatu edo erraztu…Berak jakingo du batzen, independentista guztien indarrak batzen eta herri honen indar horiek ondo kudeatzen, hainbeste amestu duen askatasuna lortzeko.” (Joseba Ariznabarreta. “Independentzia ez da bozkatzen”)